Nutrición
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¡A tomar la sopa!

Casera, gourmet, al gusto de los consumidores, reconforta, llega al alma y hace bien.

La sopa nació cuando la humanidad descubrió cómo cocinar.

Cada cultura creó la propia, que se movió entre el guiso (una sopa bien espesa) o esa cocción líquida, sabrosa y nutritiva con todo lo que se le podía agregar, desde la sopa con puchero -algo bien argentino- hasta la de cebollas (francesa), el borscht ruso, la sopa marinera Chauder del este de los Estados Unidos, el gazpacho, y muchas más.

¿Sopas de colores? Claro que sí. Las verduras de diferentes colores (al igual que las frutas) contienen distintos tipos de antioxidantes y otros compuestos bioactivos.

Muchos pigmentos se presentan naturalmente en las verduras, como el licopeno en el tomate, que actúa como antioxidante en las plantas. El beta caroteno, que contienen las zanahorias y las calabazas hacen que sean anaranjadas y que en el cuerpo, se convierta en Vitamina A. Contribuye a mantener la salud de nuestros ojos.

 

Los vegetales deshidratados

Son una opción sabrosa y nutritiva, contrariamente a lo que muchos piensan sobre su elaboración, no se hacen con conservantes. La deshidratación es el método más antiguo que conoce el hombre para conservar los alimentos, y es completamente natural.

Una vez que se seleccionan los ingredientes, se lavan y se pelan, se elimina toda el agua de modo que no puedan crecer las bacterias y el moho. Así, los conservantes no son necesarios.

Este proceso también puede evitar la pérdida total de vitaminas, minerales y antioxidantes.

Las sopas elaboradas con este proceso son una buena opción pues la mayoría de los nutrientes, como la fibra y los minerales, se mantienen y se pueden comparar con una sopa hecha en casa.

 

Fuente: Knorr Suiza

 

¿Por qué comer sopa?

Muchos estudios asocian el consumo de frutas y verduras con la salud.

El objetivo de mejorar la alimentación en el mundo es cada vez más importante y particualrmente necesario en Argentina. Un documento de la OMS propone un aumento de consumo de frutas y verduras al que se han volcado, como apoyo, los principales fabricantes de alimentos del mundo: reducir las grasas saturadas, las trans, la sal, y sumar hábitos saludables.

Comer con color es una orientación simple y al alcance de todos.

En las buenas sopas se puede concentrar todas estas premisas. Las abuelas sabían que un buen plato de sopa -simple por aquellos tiempos y gourmet en los actuales- es una solución para siempre tener en cuenta.

¡Viva la sopa!

Sopa crema de espárragos, jamón crudo y hongos

Saltear 100 g de jamón crudo en tiras finas + 1 diente de ajo picado en una sartén con poco aceite. Agregar 200 g de hongos portobellos laminados, cocinar dos minutos y reservar. Poner en una cacerola grande media cebolla picada, y media copa de vino blanco. Dejar reducir.

Incorporar un litro de agua, la sopa crema de espárragos y cocinar revolviendo constantemente con batidor de alambre o tenedor hasta que hierva por cinco minutos.

Servir y completar con el salteado de hongos, jamón y tomillo fresco.

Rinde 4 porciones.

 

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